Día del recuerdo

Hace mucho tiempo, mucho, que no escribo en este blog que tanta compañía me hizo y que tanto me sirvió. Se ve que ando liado y no tengo tiempo para nada. O quizás no se ve, pero a veces huyo de encontrarme con este compañero de viaje por todo lo que “remar mar adentro” lleva implícito.

Pero el otro día celebramos “el día del recuerdo”, y sentí de nuevo la necesidad de escribir, como hacía tiempo que no sentía. El día del recuerdo… Un día especial para recordar a nuestros niños que ya no están, junto a grupo de papás valientes que no se resisten a que el tiempo pase indiferente. Fue solo un gesto, un barquito de corcho y papel en la orilla del mar, pero fue hacer visibles a nuestros niños. Había tanto amor en cada barco, en cada vela.

Y es que no hay día que no te recuerde, porque uno no puede olvidarse de sí mismo. Y es que cuanto más tiempo pasa, más te echo de menos. Nos mintieron cuando nos hicieron creer que “el tiempo lo curo todo”, porque hay heridas, las del alma, que no tienen cura, que son para siempre. Porque tú, Daniel, eres mi hijo. Mi segundo hijo de los tres que tengo.

Y cuando consigo serenar mi corazón, brota de él un sentimiento de agradecimiento infinito. Agradecimiento a Carmen, mi mujer, mi compañera de camino, por su valentía, por su entrega a nuestra familia y a tantas otras que necesitan una palabra de aliento y de esperanza. Gracias a Pablo y a Gaby por su amor tan puro y tan sincero. Ellos reflejan con nitidez el Amor y hacen que todo tenga sentido. Y gracias a tantas familia que nos acompañan en esta senda de una mater-paternidad diferente, familias valientes y sinceras. El otro día éramos padres, madres, hermanos, abuelos, tíos, primos… juntos el dolor es mas llevadero.

Y gracias a ti Daniel, porque me enseñas cada día a ver el mundo de manera distinta. A ver la vida con otros ojos. A ver el dolor y el sufrimiento ajenos no tan ajenos. Y a creer en la esperanza.

Allí, en la orilla del mar, en la playa de Marbella, pensé en muchas cosas. Pensé que ese mar comunica sin frontera alguna, con la misma orilla peruana donde nos bañamos poco antes de tú nacer. También pensé que orillas como esa se llenan a veces de cadáveres de niños que intentaron llegar a un lugar donde no hubiera guerra. Y que el dolor de perder a un hijo en una patera debe ser insoportable.

Gracias a todos los que respetan nuestro recuerdo, a los que tratan con respeto y cariño nuestro recuerdo, y son capaces de recordar con nosotros.No sabéis el bien que nos hacéis a los que hemos perdido un hijo.

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